Treinta años en el empeño por la vida

Adeces - Friday, September 7, 2018.
Enviado por Adeces

 

Por Juan Sánchez Miranda, director y cofundador de NOESSO

 

El contexto

 

Eran ya bien entrados los años 80, esa década en la que las libertades parecían haber encontrado acomodo en un país, atrasado y anclado, donde la democracia recién estrenada tenía que vérselas con las resacas de una dictadura que no acababa de salir definitivamente de sus gentes.

 

El escenario más próximo un Poniente Almeriense, en el que la escuadra y cartabón del famoso gobierno de los tecnócratas le habían asignado un papel de vergel en medio de una franja de tierras apenas dedicadas al pastoreo, con algún que otro oasis de parrales o de pequeños cultivos tradicionales hortícolas.

 

Cuentan (no sabemos cuánto es pura leyenda y hasta donde historia real) que se aliaron las artes de los parraleros, acostumbrados a edificar estructuras a base de palos y alambres en los que se enzarzaban las parras, con la ancestral costumbre de proteger la tierra con un manto de arena para que el preciado líquido elemento, el agua, tan necesaria como escasa, no se evaporase y provocara el máximo efecto. Finalmente, llegaría el plástico para cerrar el círculo de un milagro que vendrían a bautizar como el “Mar de Plástico”.

 

Lo cierto es que al calor de esa mancha blanca en constante expansión desde que alguien fundiese los citados elementos, compuesta por edificios de plástico, las oportunidades para campesinos hartos de dejarse la piel a cambio de subsistir o de emigrar, convirtieron la comarca del Poniente de Almería en un polo migratorio que no ha dejado de atraer y concentrar poblaciones, primero del interior reseco de la propia provincia, más tarde de las alpujarras granadinas, a las que se fueron sumando infinidad de orígenes nacionales e internacionales.

 

Es así como hemos pasado de vivir en una sociedad rural, de subsistencia, a una provincia donde cada invernadero hoy es una verdadera fábrica, comandada con un ordenador central, que reparte nutrientes a plantaciones hortícolas de acuerdo con las demandas que recibe de sus sensores.

 

Cambios de paisaje y de paisanaje

 

La vida social es una suerte de tablero de fichas de dominó donde movemos una y sabemos que se produce una caída en cascada del resto. Y junto a los cambios económicos y los masivos desplazamientos humanos en la comarca han generado una verdadera revolución en las formas de vida y las costumbres. Profundos cambios y en muy poco tiempo que han tenido como resultante un modelo de sociedad que en apenas unas décadas ya no se parece en nada a la que había venido habitando estas tierras centenariamente.

 

Los efectos económicos del nuevo modelo de cultivos pronto dejaron ver sus efectos inmediatos. Los nuevos cultivos reclamaban manos para salir adelante lo que hizo que la mujer se incorporase masivamente al trabajo del campo o a las cadenas de manipulado de los frutos, muchos niños abandonaban los estudios convencidos de que el porvenir económico estaba en el campo más que en la escuela, y un sinfín de cambios que trajo consigo una sociedad que se enriquecía rápidamente, al tiempo que, poco a poco, fue mostrando sus partes débiles.

 

El Ejido mediados de los 80

 

En este contexto de oportunidades económicas, donde chicos muy jóvenes ganan y disponen de dinero, y quieren como compensación a su esfuerzo del día disfrutar de lo que les ofrece lo noche, hacen su aparición las ofertas, aparentemente inofensivas de las drogas. Hasta ahora el alcohol había sido el único elemento de esta especie que había tenido protagonismo. Ahora se suman sustancias totalmente desconocidas (hachís, heroína, cocaína,…), ante las que hay una ausencia total de prevención y de conocimiento ante sus efectos y riesgos.

 

Los efectos de este “nuevo actor” no dejaron de hacerse notar. Los primeros juegos y coqueteos con las drogas de la conocida como fase de “luna de miel” pronto empezaron a dar la cara con toda la cadena de consecuencias que supone la adicción cuanto se hace fuerte: abandono del empleo, ruptura de vínculos familiares, saqueos y robos primero en casa y más tarde donde se pueda…Y, pronto no dejaría de sumarse a la fiesta el temido SIDA.

 

Centenares de jóvenes se fueron incorporando a estas nuevas ofertas de consumo, las familias se situaban ante una realidad desbordante y totalmente desconocida, sin herramientas con las que hacer frente a las disfunciones y conductas destructivas de sus hijos.

 

Mientras tanto, las administraciones públicas estaban totalmente ajenas a los cambios que se estaban produciendo, mientras que la alarma social y familiar fue corriendo como la pólvora.

 

https://www.adeces.org/treinta-anos-en-el-empeno-por-la-vida/

 

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